El piloto de la Fuerza Aérea Red Bull, Will Gadd, se convirtió en el primer parapentista en cruzar el Gran Cañón.
Piensa cuándo fue la última vez que estuviste en un avión mientras aterrizaba en una pesada turbulencia en un caluroso día de verano.
Todas las corrientes térmicas que se desprenden de la humeante pista de aterrizaje sacuden como un juguete el avión de 500.000 libras. Ahora imagínate negociando esos mismos vientos en un parapente y tendrás una idea de qué aguantó el piloto Will Gadd en su histórico cruce del Gran Cañón.
“Un parapente no es nada más que un grupo de cuerdas y tela. Es una cometa glorificada”, dice Gadd, de 37 años, originario de Canmore, Alberta, Canadá. “Volar en esas condiciones requiere un excepcional nivel de compromiso”.
Soplando fuerte
Es esa clase de compromiso y una afinidad por volar igual a la de un pájaro lo que le permitió a Gadd alzarse en los libros de historia el pasado martes 7 de septiembre, al convertirse en el primer parapentista que cruzó el Gran Cañón en toda la historia. Miembro de la élite de la Fuerza Aérea Red Bull, Gadd lanzó su parapente 15 millas al sudoeste del Valle del Gran Cañón, Arizona, usando un sistema de carro remolque. De allí, sin demora, se lanzó alzándose sobre corrientes termales a una altitud de 17.900 pies. A lo largo del recorrido, enfrentó mortales vientos arremolinados, corrientes fuertes ascendentes y descendentes, y temperaturas casi congelantes. Para ganar altitud, Gadd se enganchó en un paseo en “demonios de polvo” de rápido movimiento, columnas espirales poderosas de aire ascendente. Estos vientos propulsaron ocasionalmente su parapente a un índice de 1.500 pies por minuto.
La zona peligrosa
En este viaje, "abajo" era de hecho el enemigo de Gadd. El truco era subir temprano y permanecer siempre sobre el borde del Cañón. No solamente el área sobre el Cañón es un espacio aéreo restringido, si Gadd se cayera debajo del borde él correría el riesgo de tener que estrellarse a tierra en el Cañón de millas de profundidad, uno de los ambientes más duros en la tierra.
¿Cuál fue el peligro real? "Este es el primer viaje que he hecho donde preparé un testamento antes de partir”, dice. “Es probablemente lo más serio que he intentado hacer en un parapente”.
Palabras fuertes que vienen de un hombre que voló a través de la espina dorsal de los Andes, de Chile a la Argentina, y el primero en la historia en volar en parapente a través de los Estados Unidos. Gadd es inclusive el Campeón Nacional de Canadá de Parapente y tiene el récord mundial de distancia de vuelo en un parapente (263 millas).
"Ha sido, sin duda, el vuelo más salvaje que he tenido jamás", dice. "El aire era muy potente y estaba nervioso porque podría ser fatal aterrizar un parapente en los vientos del Gran Cañón. E incluso si sobrevivía al aterrizaje no sabía si podría salir."Cuidado con el viento
Gadd dice que mucho planeamiento y trabajo en equipo contribuyó a su éxito. En particular, su compañero de equipo de la Fuerza Aérea Red Bull, Chris Santacroce, le proporcionó ayuda en el aire desde su aeroplano motorizado ultraliviano, vigilando a Gadd y asegurándose que no cayera en el espacio aéreo restringido. En la tierra, el amigo de Gadd, Josh Briggs, estuvo alerta con agua, el alimento y un equipo técnico de escalada en caso de que Gadd se viera forzado a hacer un aterrizaje en el Cañón. El equipo también pasó más que una semana monitoreando el viento y las condiciones atmosféricas antes del intento del vuelo histórico de Gadd.
Will Gadd cruzando el Gran Cañón
Will Gadd en expedición en Aweberg en septiembre del 2005.
Will Gadd en Santa Fe