Llevaba ocho años dedicados a la producción cinematográfica. Había estudiado fotografía pero sentía que había un vacío, un hueco que quería llenar con un sueño que anidaba desde los trece años: ser saltador B.A.S.E. Luego de algunas aventuras para lograrlo, hace cuatro años decidió dejar todo y hacerlo profesionalmente. Hoy, Nico López es uno de los atletas más destacados del mundo en esta disciplina.

Nicolás Ramón López nació el 7 de abril de 1974, en Bahía Blanca, Argentina. Su madre: piloto de aviones privados. Su padre: historiador y escritor. De repente, en ese entonces, nadie se imaginaba que entre libros y aviones, el nuevo miembro de la familia se convertiría en un atleta profesional de una disciplina poco común: el salto B.A.S.E. “Normalmente un atleta extremo tiene algún pariente cercano que lo motiva o le enseña a practicar deportes de ese tipo. En mi caso no fue así. Simplemente a los trece años supe que quería ser paracaidista. Además, siempre me interesé por deportes no tradicionales. Cuando era adolescente me iba de mi casa tres días para hacer trekking y también escalaba”, nos cuenta. Y con ese sueño en mente empezó a hacer paracaidismo en 1995, pero ya con el objetivo claro de dedicarse al B.A.S.E. Jumping.

Y no fue hasta 1999 cuando hizo su sueño realidad. “Tenía 25 años y me fui a Estados Unidos a buscar a alguien que me guíe, a un mentor en la disciplina. Ahí conocí a Marta Empinotti, quien me enseñó a ser saltador B.A.S.E.”, recuerda. El lugar escogido para el bautizo fue la Antena Locals Only, en Florida. “Y lo primero que sentí cuando aterricé fue que era la persona más feliz del mundo”. Siguió practicando dos meses más en Estados Unidos, mientras trabajaba en la fábrica que producía productos para saltos B.A.S.E. y con ese dinero se compró su primer paracaídas especial. Desde entonces, los saltos fueron cada vez más sofisticados y con mayor experiencia.

“El B.A.S.E. Jump es matemática”

Sí, matemáticas, pero no estamos hablando de una simple suma o resta. “Mucha gente piensa que el saltador B.A.S.E. es un loquito que coge un paracaídas y se lanza de cualquier lugar. No hay nada más lejos de la verdad”, nos explica Nico. “Los saltos se preparan con mucho tiempo y esmero. Requieren de mucha precisión y de bastante entrenamiento”. Pero, ¿matemáticas? “Sí, tienes que saber exactamente dónde estás cuándo vuelas, cuándo abres el paracaídas, etc. No puedes dejar nada al azar cuando tienes una pared de piedra abajo o una carretera en medio de la ciudad. Hablar de deportes extremos es válido cuando te refieres a extrema concentración, exigencia y control, no cuando usas la palabra “extremo” como marketing”, aclara.

De hecho, el salto B.A.S.E. es una disciplina relativamente nueva en el mundo. Y nace, desde el paracaidismo allá por los años 80 gracias a Carl Boenish, reconocido como el impulsor del deporte, ya que fue él quien comenzó a desarrollar las técnicas y equipos específicos para los saltos. En el mundo son poco más de 500 atletas los que practican este deporte. “El B.A.S.E. Jump puede ser considerado como el primo hermano del paracaidismo. La diferencia radica en que en el paracaidismo saltas desde aeronaves y abres el paracaidas en velocidades terminales – 200 km/h aproximadamente- y en el salto B.A.S.E. lo haces de objetos fijos, con velocidad inicial cero y exploras velocidades que van desde cero hasta los 200 km/h, es decir que manejas rangos de velocidades que el paracaidismo no”, explica.

Pero, hay algo que aún no nos queda muy claro y es: ¿por qué es un deporte? “Por lo mismo que no es simplemente lanzarte por qué sí. Requiere mucho despliegue físico y mental”, contesta. “Del lado físico tienes que tener fuerza porque estás volando tu cuerpo a grandes velocidades y tienes que poder controlarlo. Y del lado mental, también hay mucho desgaste por la gran exigencia que implica lograr un vuelo y un aterrizaje exitoso en pocos segundos. De repente, un salto que en realidad duró 20 segundos te parece que demoró media hora. Y días después siguen apareciendo sensaciones que en el momento del salto no estaban”. Y son esos sentimientos, esos pedazos de recuerdos los que nos hace preguntarnos qué lleva a una persona a practicar un deporte tan distinto y, para muchos, arriesgado. “A mí no me gusta hablar de adrenalina. Para mí hacer un salto B.A.S.E. es sentir el placer de volar el cuerpo, sentir la aceleración con absoluta tranquilidad, sabiendo que tienes tus alas en la espalda”.

¿Y el miedo? “¿Miedo?, nos repregunta Nico. “No tengo miedo. Si tengo miedo no salto y me voy a mi casa a ver un DVD. Yo hago un salto para disfrutarlo. Si hay temor es que algo no está bien”. Bueno, definitivamente, es un alivio saber que todo está bajo control, pero para los que estamos en tierra y sentimos algo por la persona que se asoma del techo de un edificio para lanzarse, no debe ser algo tan fácil. “MI familia se lo toma bien. Definitivamente al comienzo sintieron temor, pero éste desapareció cuando vieron que lo hacía correctamente. Ahora disfrutan con mis logros”, afirma Nico.

Así como son pocos los segundos que Nico vuela y recorre el viento con su cuerpo, así también son muchos los años que quedan para seguir viviendo incontables experiencias. “No me veo haciendo otra cosa. Quiero seguir explorando, realizando proyectos como los del Obelisco en Buenos Aires, el Teleférico de Mérida y Sarisariñama en Venezuela. O los saltos que hice en menos de 24 horas en el Capitán y el Half Dome –en el Parque Nacional Yosemite, en California—que son los lugares en donde nació el deporte y que actualmente ya no está permitido saltar. Bueno, y fuera del deporte, me veo en una casa, rodeado de naturaleza y con un acantilado al lado”, finaliza. Todavía hay mucho por descubrir, mucho por saltar y, sin duda, Nico López seguirá en su búsqueda.

Oscar Barrera
Salto desde el teleférico de Meridá en Venezuela
Oscar Barrera
Salto B.A.S.E en el Sarisariñama en Venezuela
Marcelo Chmois
Nicolás López saltando del Obelisto de Buenos Aires