El objetivo máximo de la alquimia era encontrar la piedra fi losofal. Ésta debería poder convertir todos los metales en oro. El ennoblecimiento es también el campo especial de Horst Petermann, cuyo objetivo es alcanzar „la estrella fi losofal“: la tercera estrella de Michelin. Un distintivo que sólo se concede a los cocineros de verdad extraordinarios.

„Aunque no me la den hasta que esté en el asilo de ancianos“ una frase de Petermann que no deja lugar a dudas en la realización de sus intenciones. Aunque teniendo en cuenta su impresionante currículo podemos pensar que Petermann podría vivir con más tranquilidad. De todas maneras pertenece desde hace 18 años al grupo exclusivo de los cocineros con 19 puntos de Gault-Millau y demuestra su valía todos los años de nuevo. Pero con los distintivos pasa lo mismo que con los ingredientes: están mejor si son frescos. Y así, este cocinero domiciliado en Suiza sigue buscando y practicando la perfección en la cocina. Petermann es un maestro de la cocina innovadora - clásica con infl ujo mediterráneo. Como tal no le ha resultado sufi ciente emular sólo a los maitres franceses. Ya hace mucho que se encuentra a su altura siendo el único suizo junto a Philippe Rochat que lleva el título casi reservado exclusivamente a los franceses de „Membre de la Haute Cuisine de France“. Sus creaciones llevan su propia fi rma ya desde muy pronto y se destacan por su continuidad. Sólo así puede surgir sustancia, puede surgir un nombre que se convierte en programa. Como el restaurante Kunstuben de Petermann que abrieron él y su esposa Iris ya hace casi 25 años en el lago de Zurich y que entretanto está considerado como una de las direcciones más selectas de toda Europa.

En el pequeño «laboratorio de cocina» de Küsnacht da día a día vida al arte real mientras Petermann y su equipo experimentan, idean, refi nan y ennoblecen. Esa actividad creativa da como resultado la claridad bienhechora de los platos cuyos ingredientes están armonizados perfectamente entre si.

Quien prepare placeres para los demás tiene que ser el mismo un sibarita completo. Para ello disfruta Horst Petermann del perfume de las rosas silvestres en su jardín, navega en el lago Maggiore, lee a Camus, Hesse y Cocteau o sencillamente se relaja. Así se repone de grandes eventos como el Swiss Economic Forum (SEF) en el que cocinó en 2004 para 1.200 invitados, entre ellos Al Gore. También en EE.UU se ha tomado nota de que Horst Petermann es un cocinero extraordinario. Zagat, la guía de hoteles más importante de EE.UU., le nombra allí ya como „Number ONE in Europe“.

El señor Christian Millau en persona le entregó ya en 1996 la apreciada llave de oro Clé d’Or Bricard en Küsnacht. Siguieron innumerables distintivos como, por ejemplo, el homenaje de la edición alemana „Schlemmer Atlas der Gastronomie Ausgabe“ que menciona a Horst Petermann en 2005 y en 2006 como uno de los mejores cocineros del año. La concesión de la tercera estrella de la guía Michelin es sólo una cuestión de tiempo. De todas formas Horst Petermann tiene paciencia, y los conocimientos necesarios de por sí.
Jürg Waldmeier
Chef invitado en Junio 2008 Horst Petermann y Roland Trettl
Jürg Waldmeier
Chef invitado en Junio 2008 Horst Petermann y Roland Trettl