David Coulthard es uno de los pilotos más veteranos de la Fórmula Uno. El británico lleva casi dos décadas compitiendo, desde su debut en la Fórmula Ford allá por 1989. A pesar de ser un tipo querido y respetado entre sus compañeros y rivales, lo cierto es que el escocés ha tardado mucho tiempo en hallar un equipo en el que poder sentirse tranquilo y valorado. El nacimiento del Red Bull Racing Team allá por 2005 ofreció a Coulthard la oportunidad de acudir con galones de líder a una escudería que necesitaba un piloto de su experiencia para comenzar a rodar. El escocés recogió el guante y puso fin a trece temporadas en las que, pese a su calidad, siempre vivió a la sombra de otros pilotos.

Piloto de karting desde que era un niño, se encontró con la papeleta de tener que llenar el asiento de Ayrton Senna tras el fallecimiento del campeón en 1994. Era su estreno en la Fórmula Uno, adonde llegó como probador para Williams, equipo en el que se encontró con otros pilotos más experimentados y también deseosos de tomar el relevo del brasileño. Compartió colores con Damon Hill y tuvo que sufrir las exigencias de Renault, por entonces proveedor de motores de la escudería, y ceder durante varias carreras su monoplaza al ex campeón Nigel Mansell, ya en los estertores de su carrera. Harto de la situación, llegó a un acuerdo con McLaren, pero su fichaje se filtró a los medios un año antes de su marcha y volvió a sufrir en Williams, equipo que lo mantuvo marginado durante su último año en la escudería.

Llegada a McLaren

Su llegada a Williams en 1996 supondría el comienzo de sus mejores años en cuanto a resultados. Pero de nuevo volvió a encontrarse con otro compañero que le cerraría las puertas: el futuro campeón Mika Häkkinen. Pese a que el finlandés eclipsó en parte su elegancia en la conducción y, sobre todo, su inteligencia sobre el monoplaza, Coulthard peleó por estar entre los mejores y ayudar a su equipo a obtener el título de constructores frente a los Ferrari. El escocés sumó numerosos podios y amarró un tercer puesto y un subcampeonato en las temporadas 2000 y 2002. Los siguientes años se agudizaron sus diferencias con el mandamás de la escudería, Ron Dennis, que mantuvo conversaciones con varios pilotos para suplir a Coulthard. Finalmente llegó a un acuerdo con el colombiano Juan Pablo Montoya y en 2005 salió del equipo en el que había pasado casi una década.

Nace Red Bull Racing

El nacimiento de Red Bull Racing abrió un nuevo horizonte a los ojos del piloto escocés y, sobre todo, le devolvió la sonrisa. Escogido como punta de lanza para poner a punto los motores de los monoplazas de esta joven escudería, Coulthard ha sido el líder del equipo desde que los toros rojos comenzaron a rodar por los Grandes Premios de la Fórmula Uno. Supo agradecer la confianza depositada en él. En la temporada de su debut, y a pesar de contar con un coche en pleno desarrollo, sorprendió a todo el mundo al obtener dos cuartos puestos y concluir la campaña con un total de 24 puntos. Tras muchos años de sufrimiento, de falta de entendimiento con sus superiores y sin demasiada suerte, volvía a disfrutar del pilotaje, volvía a sonreír. Y lo hizo aún con más ganas el 28 de mayo de 2006, una fecha histórica para Red Bull. En Mónaco, en una carrera que se volvió loca, repleta de incidentes, emoción e ingredientes para enamorar a aquellos que no estén enamorados de la Fórmula Uno, Coulthard cruzó la línea de meta por detrás de Alonso y Montoya y subió al podio disfrazado de Superman. Era el primer podio para la joven escudería austriaca. Después ha habido otros, pero ninguno tan importante como aquel que logró este veterano piloto escocés, apreciado y respetado en todo el circo de la Fórmula Uno, que tuvo que llegar a un equipo modesto para poder recuperar la sonrisa que perdió cuando alguien decidió que tendría que pasar su carrera a la sombra de algún compañero.
Franz Pammer
Coulthard celebra el podio conseguido recientemente en Canadá
Franz Pammer
Coulthard es una de las sonrisas de la F1, siempre atento a los aficionados